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Subcontratar desarrollo siendo agencia de marketing

Qué proyectos conviene sacar fuera, cómo elegir desarrollador externo y qué acordar antes de empezar para que no te explote delante del cliente.

·6 min de lectura

El problema de fondo

Una agencia de marketing pequeña vende webs, landings y campañas. Con Elementor, Divi o el constructor de turno cubre el 80 % de lo que le piden.

El otro 20 % es el problema: el cliente pide un panel a medida, una integración con su ERP, un bot que atienda, una automatización que conecte el formulario con el CRM. Cosas que el constructor no da.

Ahí hay tres salidas y solo una buena:

  1. Decir que no. Pierdes el proyecto y, a veces, al cliente entero.
  2. Contratar un desarrollador. 30.000 € al año para un trabajo que aparece

a ratos.

  1. Subcontratar. Pagas solo cuando hay proyecto.

Qué conviene sacar fuera y qué no

Sí, casi siempre:

  • Integraciones con sistemas del cliente (ERP, CRM, TPV).
  • Paneles y aplicaciones a medida.
  • Automatizaciones y bots.
  • Rendimiento y seguridad cuando el sitio ya está hecho.

No, normalmente:

  • Lo que ya haces bien con tu constructor. Si te sale rentable, quédatelo.
  • El trato con el cliente. Eso es tuyo y es tu activo.

La frontera práctica: si te lo resuelve el constructor, dentro; si necesita código, fuera.

Cómo elegir a quien lo va a hacer

Lo que yo miraría si fuera la agencia:

Que no compita contigo. Si el desarrollador también vende webs a cliente final en tu zona, tarde o temprano hay conflicto. Pregúntalo directamente.

Que acepte marca blanca. El cliente es tuyo. Quien lo hace debería estar cómodo entregando a tu nombre.

Que entregue con tests y documentación. Suena a detalle técnico, y es lo que decide si dentro de un año puedes tocar ese proyecto con otra persona o estás atrapado.

Que sepa decir que no. Alguien que a todo dice que sí y da plazos imposibles te va a dejar tirado delante de tu cliente.

Empieza por algo pequeño. Un encargo acotado de dos o tres días dice más que cualquier portfolio.

Qué acordar antes de empezar

Sin esto, todos los problemas que he visto:

Quién habla con el cliente. Lo normal y lo sano: solo tú. El externo trabaja contra tus especificaciones.

Qué pasa cuando el cliente cambia de idea a mitad. Porque va a pasar. Acuerda si el presupuesto es cerrado por alcance o por horas, y qué cuenta como cambio de alcance.

Quién responde si se rompe en producción. Y hasta cuándo. Un mes de garantía sobre lo entregado es razonable.

De quién es el código. Que quede escrito: del cliente o tuyo, pero escrito.

Dónde viven las credenciales. Nunca por correo ni por WhatsApp. Un gestor de contraseñas con enlaces de un solo uso y caducidad.

Cómo se factura esto normalmente

Tres modelos, y el que encaja depende del tipo de encargo:

  • Precio cerrado por proyecto: bien cuando el alcance está claro. El

externo asume el riesgo de pasarse, así que el precio lo incluye.

  • Bolsa de horas al mes: bien para colaboración continua. Previsible para

los dos.

  • Por horas sin bolsa: bien para arreglos sueltos, mal para proyectos

grandes, porque nadie sabe dónde acaba.

Sobre el margen: lo habitual es que la agencia facture al cliente por encima de lo que paga al externo. Es legítimo, es tu trabajo comercial y de gestión. Un externo que se moleste por eso no entiende el negocio.

La señal de que te has equivocado

Si tienes que explicarle al externo lo mismo tres veces, o si cada entrega viene con sorpresas, corta pronto. En subcontratación, el problema casi nunca mejora solo.