Subcontratar desarrollo siendo agencia de marketing
Qué proyectos conviene sacar fuera, cómo elegir desarrollador externo y qué acordar antes de empezar para que no te explote delante del cliente.
El problema de fondo
Una agencia de marketing pequeña vende webs, landings y campañas. Con Elementor, Divi o el constructor de turno cubre el 80 % de lo que le piden.
El otro 20 % es el problema: el cliente pide un panel a medida, una integración con su ERP, un bot que atienda, una automatización que conecte el formulario con el CRM. Cosas que el constructor no da.
Ahí hay tres salidas y solo una buena:
- Decir que no. Pierdes el proyecto y, a veces, al cliente entero.
- Contratar un desarrollador. 30.000 € al año para un trabajo que aparece
a ratos.
- Subcontratar. Pagas solo cuando hay proyecto.
Qué conviene sacar fuera y qué no
Sí, casi siempre:
- Integraciones con sistemas del cliente (ERP, CRM, TPV).
- Paneles y aplicaciones a medida.
- Automatizaciones y bots.
- Rendimiento y seguridad cuando el sitio ya está hecho.
No, normalmente:
- Lo que ya haces bien con tu constructor. Si te sale rentable, quédatelo.
- El trato con el cliente. Eso es tuyo y es tu activo.
La frontera práctica: si te lo resuelve el constructor, dentro; si necesita código, fuera.
Cómo elegir a quien lo va a hacer
Lo que yo miraría si fuera la agencia:
Que no compita contigo. Si el desarrollador también vende webs a cliente final en tu zona, tarde o temprano hay conflicto. Pregúntalo directamente.
Que acepte marca blanca. El cliente es tuyo. Quien lo hace debería estar cómodo entregando a tu nombre.
Que entregue con tests y documentación. Suena a detalle técnico, y es lo que decide si dentro de un año puedes tocar ese proyecto con otra persona o estás atrapado.
Que sepa decir que no. Alguien que a todo dice que sí y da plazos imposibles te va a dejar tirado delante de tu cliente.
Empieza por algo pequeño. Un encargo acotado de dos o tres días dice más que cualquier portfolio.
Qué acordar antes de empezar
Sin esto, todos los problemas que he visto:
Quién habla con el cliente. Lo normal y lo sano: solo tú. El externo trabaja contra tus especificaciones.
Qué pasa cuando el cliente cambia de idea a mitad. Porque va a pasar. Acuerda si el presupuesto es cerrado por alcance o por horas, y qué cuenta como cambio de alcance.
Quién responde si se rompe en producción. Y hasta cuándo. Un mes de garantía sobre lo entregado es razonable.
De quién es el código. Que quede escrito: del cliente o tuyo, pero escrito.
Dónde viven las credenciales. Nunca por correo ni por WhatsApp. Un gestor de contraseñas con enlaces de un solo uso y caducidad.
Cómo se factura esto normalmente
Tres modelos, y el que encaja depende del tipo de encargo:
- Precio cerrado por proyecto: bien cuando el alcance está claro. El
externo asume el riesgo de pasarse, así que el precio lo incluye.
- Bolsa de horas al mes: bien para colaboración continua. Previsible para
los dos.
- Por horas sin bolsa: bien para arreglos sueltos, mal para proyectos
grandes, porque nadie sabe dónde acaba.
Sobre el margen: lo habitual es que la agencia facture al cliente por encima de lo que paga al externo. Es legítimo, es tu trabajo comercial y de gestión. Un externo que se moleste por eso no entiende el negocio.
La señal de que te has equivocado
Si tienes que explicarle al externo lo mismo tres veces, o si cada entrega viene con sorpresas, corta pronto. En subcontratación, el problema casi nunca mejora solo.